martes, 13 de mayo de 2014

UN DIA MAS



          Oscuros nubarrones se acercaban a galope sobre las laderas del campo, el anuncio de sus truenos se escurrían con el fogonazo de la luz de los  relámpagos, mientras avanzaban en goterones de límpida cristalina agua caían sobre los ávidos campos coronados de hojas y flores en la temprana primavera.
          Los ranchos se sacuden con las oleadas, ráfagas del viento que cruzan hacia el sur, señalando a la derecha la agonía del solecito de amarillo calor, que como prisma reflejaba el hermoso arco iris sobre la cúpula de las montañas.
          El potrero se encontraba con la remesa de las recién llegadas reses, que mugían con la esperanza de encontrar pronto a sus crías, que hacían otro tanto en la alharaca de llamar a sus progenitoras. Las amontonadas redes de tusas tronaban en los comederos como invitándolas a un festín de final de la tarde  entonces colocadas, en formación dentro de los cubículos que aprovechaban a los vaqueros para el ordeño.
          El característico olor a miel de trapiche y la leche le daban un singular componente a la actividad, mientras la incesante lluvia cedía al principio de la noche donde los candiles ayudaban a prolongar la vista de los que se dedicaban a las labores  oficiosas a la extracción del ordeño...
          La villa es el lugar del cambio, luego de la transportación de los tambos de aluminio, hacia las cremerías que hacen las delicias de los compradores cuando amasan los quesos y extraen la crema de las bateas, para aderezar las tortillas recién salidas del comal, con las que elaboraban los mamachos de tacos que se cocinan a las brazas en la estufa.
          Finalizada mi labor, fui y me senté en la pileta del jardín de la casa, la tarde convertida en noche, insinuaba el ruido del motor que proporcionaba la energía eléctrica, esperando con muchas ansias que me llamara junto al resto de la familia para la cena, la canasta de pan y el humeante jarrón de café se había colocado en el centro de la mesa, el resto era los plátanos fritos aderezados con la crema fresca y un pedazo de queso, las tortillas llegaban en muñecos envueltos en servilletas que quemaban al tacto, dejé el sombrero junto a las patas de la silla, entre mis pies, cuidando que los perros no la arrastraran , cuando buscaban los bocados que ha veces caen al suelo, las pariente cachurecas apenas se empinaban un pan mojado en café, para poder salir al repique de las campanas de la iglesia que queda muy cerca del domicilio, en la siguiente cuadra. Ellas generalmente participan en la oración de la hora santa al filo de las 19.00 horas.          
          Después de la comilona tomé, como de costumbre, un caballo y me dirigí al centro del poblado a echarle un vistazo a las muchachas que se muestran en el carrusel de las veredas del parque, invitadas a dar vueltas en los pasajes adornados por las frondosas plantas en cundidas de las mas hermosas flores.
          Como todo un jinete dejaba amarrado mi transporte en los tubos de metal colocados en la esquinera frente a la escuela secundaria  estatal. Apostado en una de las esquinas detenido sobre un poste de los faroles, iniciaba mi vista nocturna ante el alegre bullicio de tradicional paseo. Los ronrones y las palomillas se multiplicaban desordenadas sobre la incandescente lámpara
          La vi aparecer con sus largos canelones y su indumentaria de interesante jovenzuela, su pequeño paraguas que pendía de uno de sus brazos y el sonido hermoso del roce de sus fustanes de seda, me robaban la mirada y el suspiro.
--- Buena noche señorita Patricia, que guapa se le ve.---
La chica se sonrojó, pero respondió con una sonrisa:
--- buenas noches joven caballero, que lo trae por aquí?---
---Atraído por chicas linda como usted y el hermoso ramillete de lindas campechanas, que repasan las calles de este fresca tarde del parque---
--- Esperando, supongo, a alguien en especial?---
--- Claro que no, estimo que ya encontré a la reina de  mi corazón, a usted  luz de mis ojos y  prenda de mis sueños---
--- Que galante, favor que usted me hace.---
--- Me gustaría acompañarla, hasta la hora del concierto, si su merced no le incomoda?---
---Claro que no, sería un gusto.---
---El gusto y el honor es mío.--- se acerca y le susurra al oído--- la puedo tomar del brazo?---
--- Sin que eso represente un compromiso, pues bienvenido.---
          Después de una vuelta, la charla se vuelve amena y de excelente tono, un grupo de jovencitas se aglomeran en las cercanías del kiosco, en espera de la música, la plática que vuelan con los cometarios detrás de los abanicos, juzgando con sonrisas medio en silencio y mostrando su armonía o inconformidad sobre las parejas que deambulan en sus alrededores.
          Procedente del cabildo la banda marcial se dirige a paso ligero hasta el interior de la tarima del kiosco, allí las bancas de madera están a su disposición para iniciar el recital de música de esa noche.
          Las niñas mas intrépidas, se acercan hasta donde se encuentran los casi adolescentes, muchachos que son mas cortos carácter se juntan como indiferentes, con sus manos dentro de los bolsillos, solamente a  observar de reojo a las chiquillas que deambula por su vecindad, que de un impulso se acercan y  los abordan.
---Chicos buena noche, porque tan apartados, no les gustaría participar aunque sea para jugar una ronda de tejo?---
          Un poco sonrojados de corto ánimo se miran entre si y haciendo fuerza de grupo, se encaminan hacia el punto de reunión, unos de brazos cruzados y otros un tanto mas alejados del círculo, como no muy convencidos. Alguien toma la batuta sobre la planificación de los juegos a realizar. El salto sobre un cuadrado, el golpe de las canicas, el del zopilote o el salto de la cuerda. Se organizan los grupos y al compás de la música se producen las actividades, acompañado de la bulla y amplias risas del conglomerado.
          Las niñas de anchas enaguas que las sostienen con sus manos, saltan sobre las figura pintadas en el suelo, mostrando sus calcetas blancas y zapatillas negras. Los chicos de calzones cortos que se pasan la pelota sobre sus cabezas con el fin de que el zope no logre alcanzarla. No se diga de las saltarinas que se enredan en el cordel que le sirve obstáculo al elevarse en sus brincos.
          Los mayores entre ellos Patricia y Diego los mas serios permanecen en la caminata haciendo de ellos las delicias de la poesía y la lisonjearía de los piropos, tomados de las manos buscan el recodo que les oculte de pronto para una caricia o en fin darse un beso.
          Las campanas de bronce de la iglesia se echan a volar anunciando que el rezo a llegado a su fin, las columnas de incienso que se levantan y huyen a través del pórtico, preceden las hordas de las santulonas, que de mantilla negra y de conciencia quizás tranquila, abandonan el atrio después de santiguarse un millón de veces. Caminando por las calles rumbo a su casa con el chisme prendido a flor de labio, comentarios que le obligan a pedir perdón somatándose el pecho con el puño con el que envuelven su rosario.
          Las bajas en la corriente ha veces dejan como brazas los escasos focos del poblado, eso detiene un tanto la actividad después de una expresión coral de --- ¡Ahhhh…!.
          Mientras se restablece el flujo eléctrico, el del trombón ha metido la pata al no poder ver bien el pentagrama, por lo que se gana una reprimenda del director que somata su batuta sobre el podio.
          Una chiquilla a caído al suelo al enredarse en la cuerda, sin mayores consecuencias se levanta auxiliada por sus compañeras, quienes le sacuden su vestidito de paletones y ancha moña. La pelota plástica de colores ha ido a para en uno de los jardines al rebotar en la cabeza de un transeúnte, al haber sido rechazada por uno de los participantes.
          Todo vuelve a la normalidad, esperé con la debida paciencia junto a la joven, quien me tomó de la mano por el momento de pánico experimentado al desaparecer la luz. En su actitud nerviosa me clavó las uñas en mi mano y además se acomodó junto a mi pecho. Un tanto incómoda se retira y me pide disculpas por su actuación.
--- No tenga pena, por sus acciones, sin embargo fue muy agradable haberla cobijado en mi pecho.---
          Se levanta y con el rostro lleno de angelical bochorno, trata de huir del lugar, prendida aun de mi mano, no dejo que se vaya, la atraigo hacia mi y sin mas ni mas le doy un enorme beso que la hace reaccionar volteando su rostro que muestra una sonrisa inocente.
---Buena noche Diego, hasta otro día…---
          Corre sin esperar respuesta, hacia la banqueta de la esquina donde se detiene por un momento, voltea a ver y con facies de ilusionada me lanza un adiós con el movimiento de su mano.
          La banda a concluido su concierto, el fresco viento asolva los árboles que se despenican en hojas que vuelan arremolinándose, la chiquillada ha marchado en tropel hacia sus viviendas y las parejas aunque tardíamente se han alargado sus despedidas después de unos cuantos abrazos sellados con beso.
          Ajusto mi sombrero y con la emoción que me dejó el caso me dirijo hasta donde se encuentra mi caballo, la montura soporta el envión de mi peso y a paso lento me introduzco en la calle, el retumbo de los cascos en el  choque con las piedras me lleva  a la memoria lo sucedido, quizás una aventura iniciada, los recuerdos me hacen divagar sobre mi mente, ilusiones que me llenan de jolgorio el corazón.
          De pronto escucho las campanas del cabildo que me recuerdan que son las 10 de la noche, el tiempo ha pasado sin sentir y la noche ha avanzado inclemente. Pienso entonces, mañana será otro día, he de levantarme al igual que siempre a las 4 A.M. y reponer mi rutina de todos los días, aplico el tacón en el hijar del semoviente y le apresuro el paso, debo de estar ya en mi lecho en pleno descanso. Tantas cosas que debo de hacer el próximo día.
          Vaya han pasado unas cuantas horas y no he conciliado el sueño, algo me altera mi mente, esa chica me hace perder el juicio…     
 --- Diego…! Es hora de levantarse! ---
          Es el grito de mi madre que me da el banderazo de salida para un día mas

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