Oscuros
nubarrones se acercaban a galope sobre las laderas del campo, el anuncio de sus
truenos se escurrían con el fogonazo de la luz de los relámpagos, mientras avanzaban en goterones de
límpida cristalina agua caían sobre los ávidos campos coronados de hojas y
flores en la temprana primavera.
Los
ranchos se sacuden con las oleadas, ráfagas del viento que cruzan hacia el sur,
señalando a la derecha la agonía del solecito de amarillo calor, que como
prisma reflejaba el hermoso arco iris sobre la cúpula de las montañas.
El
potrero se encontraba con la remesa de las recién llegadas reses, que mugían
con la esperanza de encontrar pronto a sus crías, que hacían otro tanto en la
alharaca de llamar a sus progenitoras. Las amontonadas redes de tusas tronaban
en los comederos como invitándolas a un festín de final de la tarde entonces colocadas, en formación dentro de los
cubículos que aprovechaban a los vaqueros para el ordeño.
El
característico olor a miel de trapiche y la leche le daban un singular
componente a la actividad, mientras la incesante lluvia cedía al principio de
la noche donde los candiles ayudaban a prolongar la vista de los que se dedicaban
a las labores oficiosas a la extracción del
ordeño...
La
villa es el lugar del cambio, luego de la transportación de los tambos de
aluminio, hacia las cremerías que hacen las delicias de los compradores cuando
amasan los quesos y extraen la crema de las bateas, para aderezar las tortillas
recién salidas del comal, con las que elaboraban los mamachos de tacos que se
cocinan a las brazas en la estufa.
Finalizada
mi labor, fui y me senté en la pileta del jardín de la casa, la tarde
convertida en noche, insinuaba el ruido del motor que proporcionaba la energía
eléctrica, esperando con muchas ansias que me llamara junto al resto de la
familia para la cena, la canasta de pan y el humeante jarrón de café se había
colocado en el centro de la mesa, el resto era los plátanos fritos aderezados
con la crema fresca y un pedazo de queso, las tortillas llegaban en muñecos
envueltos en servilletas que quemaban al tacto, dejé el sombrero junto a las
patas de la silla, entre mis pies, cuidando que los perros no la arrastraran ,
cuando buscaban los bocados que ha veces caen al suelo, las pariente cachurecas
apenas se empinaban un pan mojado en café, para poder salir al repique de las
campanas de la iglesia que queda muy cerca del domicilio, en la siguiente cuadra.
Ellas generalmente participan en la oración de la hora santa al filo de las
19.00 horas.
Después
de la comilona tomé, como de costumbre, un caballo y me dirigí al centro del
poblado a echarle un vistazo a las muchachas que se muestran en el carrusel de las
veredas del parque, invitadas a dar vueltas en los pasajes adornados por las frondosas
plantas en cundidas de las mas hermosas flores.
Como
todo un jinete dejaba amarrado mi transporte en los tubos de metal colocados en
la esquinera frente a la escuela secundaria
estatal. Apostado en una de las esquinas detenido sobre un poste de los
faroles, iniciaba mi vista nocturna ante el alegre bullicio de tradicional
paseo. Los ronrones y las palomillas se multiplicaban desordenadas sobre la
incandescente lámpara
La
vi aparecer con sus largos canelones y su indumentaria de interesante jovenzuela,
su pequeño paraguas que pendía de uno de sus brazos y el sonido hermoso del
roce de sus fustanes de seda, me robaban la mirada y el suspiro.
--- Buena noche señorita Patricia,
que guapa se le ve.---
La chica se sonrojó, pero respondió
con una sonrisa:
--- buenas noches joven caballero,
que lo trae por aquí?---
---Atraído por chicas linda como
usted y el hermoso ramillete de lindas campechanas, que repasan las calles de
este fresca tarde del parque---
--- Esperando, supongo, a alguien en
especial?---
--- Claro que no, estimo que ya
encontré a la reina de mi corazón, a
usted luz de mis ojos y prenda de mis sueños---
--- Que galante, favor que usted me
hace.---
--- Me gustaría acompañarla, hasta
la hora del concierto, si su merced no le incomoda?---
---Claro que no, sería un gusto.---
---El gusto y el honor es mío.--- se
acerca y le susurra al oído--- la puedo tomar del brazo?---
--- Sin que eso represente un
compromiso, pues bienvenido.---
Después
de una vuelta, la charla se vuelve amena y de excelente tono, un grupo de
jovencitas se aglomeran en las cercanías del kiosco, en espera de la música, la
plática que vuelan con los cometarios detrás de los abanicos, juzgando con
sonrisas medio en silencio y mostrando su armonía o inconformidad sobre las parejas
que deambulan en sus alrededores.
Procedente
del cabildo la banda marcial se dirige a paso ligero hasta el interior de la
tarima del kiosco, allí las bancas de madera están a su disposición para
iniciar el recital de música de esa noche.
Las
niñas mas intrépidas, se acercan hasta donde se encuentran los casi
adolescentes, muchachos que son mas cortos carácter se juntan como indiferentes,
con sus manos dentro de los bolsillos, solamente a observar de reojo a las chiquillas que
deambula por su vecindad, que de un impulso se acercan y los abordan.
---Chicos buena noche, porque tan
apartados, no les gustaría participar aunque sea para jugar una ronda de tejo?---
Un
poco sonrojados de corto ánimo se miran entre si y haciendo fuerza de grupo, se
encaminan hacia el punto de reunión, unos de brazos cruzados y otros un tanto mas
alejados del círculo, como no muy convencidos. Alguien toma la batuta sobre la
planificación de los juegos a realizar. El salto sobre un cuadrado, el golpe de
las canicas, el del zopilote o el salto de la cuerda. Se organizan los grupos y
al compás de la música se producen las actividades, acompañado de la bulla y
amplias risas del conglomerado.
Las
niñas de anchas enaguas que las sostienen con sus manos, saltan sobre las
figura pintadas en el suelo, mostrando sus calcetas blancas y zapatillas negras.
Los chicos de calzones cortos que se pasan la pelota sobre sus cabezas con el
fin de que el zope no logre alcanzarla. No se diga de las saltarinas que se
enredan en el cordel que le sirve obstáculo al elevarse en sus brincos.
Los
mayores entre ellos Patricia y Diego los mas serios permanecen en la caminata
haciendo de ellos las delicias de la poesía y la lisonjearía de los piropos,
tomados de las manos buscan el recodo que les oculte de pronto para una caricia
o en fin darse un beso.
Las
campanas de bronce de la iglesia se echan a volar anunciando que el rezo a
llegado a su fin, las columnas de incienso que se levantan y huyen a través del
pórtico, preceden las hordas de las santulonas, que de mantilla negra y de
conciencia quizás tranquila, abandonan el atrio después de santiguarse un
millón de veces. Caminando por las calles rumbo a su casa con el chisme
prendido a flor de labio, comentarios que le obligan a pedir perdón somatándose
el pecho con el puño con el que envuelven su rosario.
Las
bajas en la corriente ha veces dejan como brazas los escasos focos del poblado,
eso detiene un tanto la actividad después de una expresión coral de ---
¡Ahhhh…!.
Mientras
se restablece el flujo eléctrico, el del trombón ha metido la pata al no poder
ver bien el pentagrama, por lo que se gana una reprimenda del director que
somata su batuta sobre el podio.
Una
chiquilla a caído al suelo al enredarse en la cuerda, sin mayores consecuencias
se levanta auxiliada por sus compañeras, quienes le sacuden su vestidito de
paletones y ancha moña. La pelota plástica de colores ha ido a para en uno de
los jardines al rebotar en la cabeza de un transeúnte, al haber sido rechazada
por uno de los participantes.
Todo
vuelve a la normalidad, esperé con la debida paciencia junto a la joven, quien
me tomó de la mano por el momento de pánico experimentado al desaparecer la
luz. En su actitud nerviosa me clavó las uñas en mi mano y además se acomodó
junto a mi pecho. Un tanto incómoda se retira y me pide disculpas por su
actuación.
--- No tenga pena, por sus acciones,
sin embargo fue muy agradable haberla cobijado en mi pecho.---
Se
levanta y con el rostro lleno de angelical bochorno, trata de huir del lugar,
prendida aun de mi mano, no dejo que se vaya, la atraigo hacia mi y sin mas ni
mas le doy un enorme beso que la hace reaccionar volteando su rostro que
muestra una sonrisa inocente.
---Buena noche Diego, hasta otro
día…---
Corre
sin esperar respuesta, hacia la banqueta de la esquina donde se detiene por un
momento, voltea a ver y con facies de ilusionada me lanza un adiós con el
movimiento de su mano.
La
banda a concluido su concierto, el fresco viento asolva los árboles que se
despenican en hojas que vuelan arremolinándose, la chiquillada ha marchado en
tropel hacia sus viviendas y las parejas aunque tardíamente se han alargado sus
despedidas después de unos cuantos abrazos sellados con beso.
Ajusto
mi sombrero y con la emoción que me dejó el caso me dirijo hasta donde se
encuentra mi caballo, la montura soporta el envión de mi peso y a paso lento me
introduzco en la calle, el retumbo de los cascos en el choque con las piedras me lleva a la memoria lo sucedido, quizás una aventura
iniciada, los recuerdos me hacen divagar sobre mi mente, ilusiones que me
llenan de jolgorio el corazón.
De
pronto escucho las campanas del cabildo que me recuerdan que son las 10 de la
noche, el tiempo ha pasado sin sentir y la noche ha avanzado inclemente. Pienso
entonces, mañana será otro día, he de levantarme al igual que siempre a las 4 A.M. y reponer mi rutina de
todos los días, aplico el tacón en el hijar del semoviente y le apresuro el
paso, debo de estar ya en mi lecho en pleno descanso. Tantas cosas que debo de
hacer el próximo día.
Vaya
han pasado unas cuantas horas y no he conciliado el sueño, algo me altera mi
mente, esa chica me hace perder el juicio…
--- Diego…! Es hora de levantarse! ---
Es
el grito de mi madre que me da el banderazo de salida para un día mas
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