viernes, 14 de febrero de 2014

VOLCAN



          El transcurso del día había sido un tanto silencioso, incluso las aves que suelen reposar en los chiriviscos, parecían ausentes, como ahuyentados de vacaciones. Los perros de la casa habían preferido esconderse entre los montones de leña, en el cuarto de los cachivaches donde guardan los restos de la cosecha de maíz en mazorca. Los taburetes donde se colocan la sillas de montar se encontraba asediada por las gallinas que acompañadas de los demás animales buscaban un lugar donde pernoctar.
          Junto al fuego de la cocina nos encontrábamos, haciendo los comentarios, mientras el sueño nos alcanzaba y nos impulsaba para ir a dar un pestañazo. Un chico conciliando el sueño en brazos de su madre, buscaba con los movimientos de su cabeza la chiche para juguetear con ella y alimentarse, en fin dormirse.
          Un trueno y un pequeño movimiento nos alertó, el volcán estaba dando signos de estar con vida, me coloqué el sobrero y me aseguré de dejar abierta la puerta del rancho. La mujer se volteó el perraje y pasó a su espalda al chico. Se acercó hasta una de las camas y zangoloteo a la niña para que  despertara, medio amodorrada se sentó, para restregarse la cara. Estábamos alerta, de alguna manera el instinto de los animales nos pusieron sobre aviso del fenómeno.
--- Comadre… Comadre… sintió el temblor?.--- grito alguien  desde la  vecindad--- tenga cuidado con los patojos eh!---
          El piso se estremeció, los enseres se tambalearon después de escuchar el estruendo que provoco el eco de la explosiva erupción, las cenizas se esparcieron sobre el techo, las láminas se encorvaban por el peso de la pedrería incandescente que rebotaba desde el cielo, las tejas de la cornisa tableteaban como el sonido de las marimbas, mientras las paredes se arrugaban con grietas que se confundía entre la sisa de los adobes.
          Me eche a tuto a la muchachita y salimos los cuatro hasta entrada del huerto, por al caminito, llegaron los amigos con lámparas de mano señalando el espacio para aguantar los siguientes remezones.
          El temblor se prolongó por un buen rato y con las gentes optaron por salir de las casas al aire libre, siempre con el temor de la lluvia de meteoritos y cenizas que revoloteaban por momentos en el espacio Allí detenidos para observar a una considerable distancia, el magnífico espectáculo del coloso, que prendido de llamaradas rojas escupía con violencia sus malestares cargados de gases, una columna negra viajaba hasta el cielo, haciendo de las fumarola el candil de un río de lava que hervía en burbujas a través de los zanjones que descendían quemando cuanto encontraban a su paso.
          Corrí en búsqueda de la bestia, la Yegua que me acompañaba cuando salía a sembrar al campo, la había dejado amarrada en el cobertizo, la encontré, el pobre animal estaba encabritado, asustada y relinchaba tratando de deshacerse de sus ataduras. Me costó tranquilizarla, pero al fin la hice caminar hasta donde había considerado que estaba mas segura.
          Allí amanecimos más que desvelados, temerosos, los constantes retumbos y el ambiente cargado de azufre nos rodeaban, la mayoría de patojos habían desarrollado tos. Las mujeres hacendosas, buscaban la manera de hacer una fogata con la intención de calentar algunas cosas de comer y los jarros de café.
          Pero hasta ese momento no sabíamos lo que nos esperaba, a pesar de que las brigadas de socorro se habían acercado hasta las cercanías del campamento improvisado, para advertirnos que dejáramos el lugar, que estábamos en peligro de algo peor. Pero ni modo, nuestros ranchitos, los animales y aun algunas siembras estaban allí, nadie quería abandonar su terruño. Insistentemente se nos hizo ver especialmente a las mujeres que en compañía de los chirices se fueran con las cuadrillas de la Cruz Roja a los albergues de mas abajo.
          Necias, pero bajo insistencia quizás, algunas se decidieron a partir junto a sus familias. Se echaron a memeches a los niños y muchas de las cositas que podía acarrear, otras con sus tinajas fueron acompañadas de la mano de los chicos mas grandes y los recomendados de las vecinas, pero a pesar de eso, muchas se quedaron.
          El peregrinaje a través de los caminos empedrados y zanjones fue escabroso y de mucha tensión, fueron guiadas en su viaje por los portadores de los cascos de bomberos.
          El retumbo se hizo estrepitoso y las bocanadas de lava se dejaron venir, la oleada de la magma cubrieron gran parte de las faldas y las laderas del volcán, en el recodo de un embalase, la catarata hirviendo se dejó caer sobre una vena que se transformó en un embalse que le cortó el paso a los que habían salido.
          El grupo que permanecío en la pequeña loma cerca del caserillo, nos aculábamos en la parte mas alta, tratando de protegernos del calor y los vapores malignos. Algunas rocas incandescentes pasaron muy cerca del lugar impactando en alguno de los ranchos que se vieron reducido a cenizas en un santiamén. A lo lejos en la llanura lejos de allí, se dieron visas de amanecer, un destemplado gallo trataba de decirle buen día al sol, que en el oriente se despabilaba y se asomaba entre las columnas de humo, a pesar del frío de la madrugada, el vapor no nos mantenía quietos, sudorosos, con miedo, sobre nuestro destino. El monte había permanecido en relativa quietud, los pequeños temblores ya imperceptibles algunos se habían ido haciendo menos frecuentes, en un acto de temeridad me levanté en busca de una vereda que nos condujera hacia el camino del descenso, acompañado por el pequeño grupo de 7 hombres, iniciamos la ronda en búsqueda de una región donde los restos de lava no hubiesen carcomido los pasadizos que nos permitieran descender de la montaña...
          Caminamos a medida que el sol nos hizo sombra a las espaldas, en algunos tramos lo caliente de la tierra atravesaba el hule del caite. Agobiados por el calor nos dábamos aliento para continuar hacia el norte donde el cráter no se había roto, con forme avanzábamos alguna vegetación aunque seca daba señas de no haber sido alcanzada en su totalidad por las altas temperaturas. Tras un breve reposo, junto al grupo continuamos por dos largas horas hasta llegar a unas casitas, que aunque se encontraba abandonado, había sufrido pocos daños durante la erupción. Las aves de corral que habían sobrevivido se encontraban deambulando por los alrededores en busca de que alimentarse. Sin perder el tiempo, tomamos por la carretera de terracería para dirigirnos al pueblo, habíamos descendido llenos de agotamiento desde la mitad de la montaña, en el camino encontramos una avanzada de los socorristas que nos prestaron los primeros auxilios.
          Nos condujeron a través de una ambulancia al cuartel, una carpa que se extendía en las orillas del parque, Algunos de mis compañeros fueron atendidos por quemaduras y heridas provocados en la travesía. Yo estaba interesado como todos por la familia que había salido en avanzada antes de la erupción mayor. Me entrevisté con uno de los responsables de los paramédicos de la institución, que nos indicaron que no había tenido noticias del grupo de rescate que había descendido en la madrugada.
          Me temí lo peor, pensando, como no se quedaron conmigo?, somataba el sobrero sobre la tierra, haciendo un mea culpa de haberles dejado sin protección. El compadre y otros se empecinaron en ir en la búsqueda de familiares sobretodo de los niños, pero las autoridades no lo permitieron. Llenos de congoja y de tristeza, nos asentamos en una de las bancas del parque a clamar a Dios, orábamos con lágrimas que brotaban de ojos de la angustia de no saber nada del paradero.
          Hoy estamos en el cementerio local, disque enterrando los restos de la mujer y los dos hijos, que horrible, no salieron con vida  el manto caliente los cubrió, la ola de lava se los llevó para siempre. Un solo promontorio con tres cruces, es la tumba que se encuentra vacía, se los tragó el volcán. Voy a recoger las pocas cosas que me quedan y me iré a otro sitio, lejos… lejos donde el Volcán no me alcance… 



viernes, 7 de febrero de 2014

UN CAFE CON TU CONCIENCIA



          “Oye desde que te encontré te vi plácidamente sentado, frente al canasto repleto de champurradas que soltaban aroma a pan recién horneado, que hacías, Prudencio, recostado sobre tus codos, meditando las aventuras de lo que pudo ser tu vida, te agachabas frente a una humeante taza de café, imaginado que a través del humo que buscaba el cielo. Ibas a renacer. Me atrevo a decir que de las cosas que imaginabas, era en permanecer lejos de las actividades de trabajo, fuera de concurrir a ganarse honestamente la vida, afianzado a buscar un modus vivendi orientado a la pereza”
          “Te desperezabas estirando los brazos, dando muestras del letargo que te embargaba, tras ingerir un sorbo del elíxir, que quizás en otros tiempos te estimulaba para continuar la azarosa historias que se tejía en tu mente.
“Yo tu conciencia me veía opacada por tu actitud, no mas castillos en el aire, ni tan siquiera la imaginaria de tu cerebro era posible despertar, habías caído en el sopor de no querer hacer nada, mendingando los escasos esfuerzos para la consecución de un trabajo que te mantuviera a flote, algo para pasar el tiempo que te ayudara como suplir tus necesidades para seguir adelante.”
          “Vamos y el espíritu que?, eso te planteaba como tu conciencia. Era tu imagen a espejo que junto a los avatares de la vida te exigía un pedazo de intención para hacerte reaccionar,  y te repetía, ¡Oye! no hay que quedarse estancado solo en el pensar, te señalaba lo bueno que eras en el pasado para traer a tu mente quimeras, cuando de niño, aguerrido, buscabas estar adelante, realizando labores, que luego se desvanecían, al encontrar tropiezos.”
          “Que mas ahora te haces el sordo, de pronto cierras tus ojos, obstruyes tus oídos, te conformas con cambiar de lado del cachete que reposas sobre la mesa.
          Vamos, no es de quedarse en posición de pereza, levanta el ánimo.---  mientras te somataba la espalda con mi invisible mano.
          Muchas veces te vi, como te incorporabas lentamente, acudías a un nuevo sorbo de café, te mataba la pereza, volviéndote a desplomar sobre el tapete, como quien no pone interés en escuchar los consejos de tu otro yo”.
          “Te impulsaba, con el instinto y hacerte tomar un aire para deambular por las calles, con tu fachada de indiferencia, figura por Dios Santo, tus pantalones guangochos, la camisa por fuera del cinturón y una gorra de lana que te ocultaba el desteñido rostro. Hurgaba en tu sentir, pero los pensamientos seguían siendo fríos, sin mas allá, ocultabas las manos entre los bolsillos para disimular el frío y luego apostabas a buscar una grada en el portal de una casa, o en el bordillo de una esquina para recuperar el aliento que habías perdido junto a tu alma”..
          “A tu espalda con tus espíritus personales nos acercábamos para confrontarte e infundirte gracia. Los susurros que intrépidamente hacíamos cruzar por tus orejas se volvía letanías olvidadas al no tener eco en la psiquis de tu ser. Haciendo un retórico esfuerzo, dabas marcha atrás, para detenerte en los barrotes de arte que circundaban el atrio de la iglesia.
          Locales sacros que en sus adentros retocaba la música de cancioncitas que le estimulaban algún recuerdo del pasado, entonces acomodabas tu famélico cuerpo en alguna de las bancas, donde sacabas un cigarrillo a medio fumar, restregando un fósforo en la carterita a la que le quedaba solo el zócalo de donde se prende, con dos sobones la lumbre se hacía, quemando el papel y tabaco de tu pito”.
          “Entonces Yo…la conciencia volvía a la carga, sentada en el esquinero de tu banca para insinuarte recomendaciones de estimulo a tu ido amanecer.
Vamos… Prudencio, que te hace pensar que las cosas caerán del cielo. Ándale búscate un camino, una labor, no desperdicies así tu vida…
          A pesar de indicaciones, como si nada, tu seguías en el limbo, el humo de tu cigarrillo exhalado por nariz y boca, se perdía en el espacio de las ideas, así como las palabras que se arrastraban por el viento, te rascabas la cabellera ya abundante, te encasquetaba nuevamente la gorra y parsimoniosamente te retirabas. Arrastrando los pies hasta converger en la boca calle donde te cruzabas en mi camino, más que oídos sordos porque optabas por regresar hasta la vivienda, en el trayecto veía a los transeúntes como se apartaban de tu figura, cambiando de acera o de buscar la mayor distancia para no pasar junto a tu desaliñada humanidad.”
          “Hablabas en silencio contigo mismo, como un director de orquesta que con su dedo índice hace maromas para reflejar lo que en sus discursos balbuceaba en el dictado de  una plática. Señalando en ocaciones hasta el cielo, ocultándose del sol que te brillaba.
          Tocaba tu mente y empujaba tu espalda con el fin de que hicieras el esfuerzo de poner atención, huías desenfrenadamente ante las peticiones de los espíritus que mostraban diferentes caras, el heroísmo pestilente del mal y los jinetes apocalípticos de los vicios, que te acosaban con una vida fácil, camino lleno de fantasías, cultivados con granjerías de poder y abrumado de tesoros.  Siempre te acompañaba entre el humor y la piel como tu alma gemela, a lo mejor tú no lo veías como castigo. 
          Cerrabas a mi paso la puerta de la entrada, con pestillo y candado, para impedir que te siguiera, pero me colaba entre tus alientos marcando el paso hasta donde te escondías en los rincones de la casa. Asumiendo mi obligación me encerraba frente a tus ojos, con la simple presencia para presionarte hacia el deseo positivo que siempre cargabas en la espalda, te acurrucabas en el colchón de tu cama cubriéndote por completo con las sábanas de la indiferencia y del no quiero, hasta que te olvidabas  de todo con el tránsito del sueño.”
          “Si, Prudencio, tu conciencia, naciste con ella y te enterraran igual, donde siempre hubo alivio cuando obraste en bien, me hiciste solazar, cuando mediante tus escasos actor de caridad dieron al traste con tu comportamiento, me agradaste cuando de tu propia inspiración te acercaste al ataúd de tu madre a depositar una rosa de recuerdo, cuando rompiste con la beligerancia de tu padrastro, quien te daba malos tratos. Vaya si no fue alivio en la entrega de las notas y el respectivo cartón a la hora de terminar la escuela primaria.
          Si, me vi en trapos de cucaracha y despechada frustración en el momento que tras bambalinas entraste a mundo de la droga, porfavoer no me eches el muerto, yo estaba allí, pero tampoco me escuchaste, con miles de excusas, te incorporaste a esa vida, ya soy grande y puedo hacer lo que me venga en gana, que los amigos me hacen sentir poderoso, etc. Reventaste el vínculo con el espíritu y te dejaste llevar por las lisonjearías de quienes “te querían tanto”, manchas en tu piel dirigidas a dar pertenencia a las maras a través de tatuajes malévolos, que señalaron no solo tu cuerpo, tu alma”
“Si…. Amigo has caído muy bajo y yo contigo, ya no hay amigos, no hay poder, no hay dinero, eres tan solo una piltrafa de hombre, huyendo de ti mismo, rodeado de frustraciones.
          El mayor desamparo y necesidad de todo, ayer te vi frente a una taza de café, mas tarde fumando una colilla de cigarrillo, con la agonía de no tener un pan para llenar tu estómago. Sigues desalineado, sucio y en pleno abandono, las vicisitudes de la vida te agobian y las enfermedades te asedian a lo largo y a lo ancho. Más yo no puedo mas que dictarte, no he podido romper tu sordera y menos tu buen juicio”.
          Hoy estuve en tu lecho de muerte en una abandonada cama de hospital, en el pabellón de uno de los males del siglo, nos encaramos para darnos una despedida, la caja de pino que contiene además de tus restos me hace espacio, creo que hasta hoy y siempre has escuchado mis consejos, mas no los has practicado, veras que todo el mundo te ha olvidado, en este no habrá velatorio,  el entierro será frente al sepulturero, nadie mas”
          Sin asomo de flores y menos de lápida este desconocido pasará los próximos años en esta fría fosa, hasta que se convierta en polvo. En la escuálida cruz de madera que señala su mortuaria morada, rezará.

 “AQUÍ YACE PRUDENCIO Y SU CONCIENCIA”    

lunes, 27 de enero de 2014

LA COLA DEL DRAGON



          Las risas y el escándalo inundaban la pocilga, donde en una mesa de centro mostraba el escenario de vasos de licor, varios surcos de polvo blanco, lineazos, que desordenados manchaban el antebrazo del  sujeto que se agachaba con un tubo en la nariz para hacer una inspiración de la droga. Las dos chicas presentes alardeaban con sendas copas en mano, mientas el otro chavo la besuqueaba en un ir y venir de las al cuello, introducía su mano dentro del sostén.
          Una .45 plateada, relumbraban en la orilla del mueble, de la mano de una de las asistentes quien rezongaba a carcajadas, una de las botellas había caído al suelo, derramando el poco liquido que le quedaba. Uno de ellos arrebato el arma a la chica, se acercó hasta la puerta, sacó de la bolsa trasera de su pantalón un fajo de dólares, hizo como que los contaba y volvió a colocarlos en su bolso.
--¡Que ya dije que nos vamos….!---
          Un tanto tambaleante sus compañeros, entre trastravío y apoyándose, salieron de la habitación a empujones.
          Se había hecho tarde, la penumbra había caído en los estrechos callejones que los llevaba de la colonia al centro de la ciudad. Un vehículo de reciente modelo, japonés de color corinto, inició el remate de una salida vistosa de rechinar llantas y levantar vapor en su agitada salida. La esquina no fue tan estrecha para hacer el doblez para evitar el colazo del auto que se llevó a su paso un tonel de basura colocada en acera, la aceleración se abrió paso ante el vaho despedido por las alcantarilla, en la aceleración del potente motor.
La noche había caído y a pesar del que había luna llena, un leve frío, se manifestaba en los alrededores, al llegar hasta el cruce de una carretera de balastrada, se cimbró el carro después de un frenazo, pasando por encima de los rieles, que llegaban hasta el edificio de la estación ferroviaria que había sido abandonada tiempo atrás., continuaron por el camino estrecho extravío que llevaba hacia la carretera. Una vez después subir una pequeña cuesta  al final de una curva, los faroles de otro carro, se enfocaron las luces altas sobre el vidrio delantero, lo que hizo que perdieran la visión, descontrolándose. El auto se encaramó en el paredón detrás de la cuneta y se arrastró en dos llantas, hasta quedar con el techo junto al suelo.
          Acto seguido una lluvia de balas se dejó escuchar en el ambiente, donde varios sujetos con AK-47, se daban a la tarea de rociar indiscriminadamente. El hombre que conducía había logrado salir por la puerta cuyo vidrio se había hecho añicos, pero no había alcanzado a escapar y junto a la cuneta había sido alcanzado con tres certeros plomazos en la espalda, una de las mujeres, logró escabullirse abriendo su portezuela, pero había perdido el sentido por el profuso golpe en la cabeza, allí fue alcanzada y rematada a mansalva.
Uno de los sicarios, penetró al carro y tomando del pelo a la otra joven, la arrastro hasta el centro de la vereda y le acertó un proyectil en la cabeza como dándole el tiro de gracias.
          El último de los tripulantes había quedado entre los hierros retorcidos, se acercaron hacia él y le despidieron con dos disparos, dejándole atrapado dentro de la cabina. Uno de los cuales rebotó en el lateral de la butaca y se desvió fuera del cuerpo, mientras el otro le quemó la parte externa del cuello abriéndole una herida.
          El encendido de dos motocicletas, con grandes aceleraciones en señal de triunfo le dio paso al fin de la historia cuando después de una enorme polvareda huyeron a toda velocidad los asesinos.  
          El rezongar vespertino de las sirenas, que se abrieron paso en las derruidas calles del poblado, trastrabillando entre las empedradas veredas que los llevan entre los agujeros de la terracería, hasta el pequeño hospital comarcal mas cercano, jineteando bulliciosa en una serie de saltos que hacen que los enfermeros se sacudan por los aires en la exhalación de la velocidad del viejo y vetusto vehículo, que resbala y se empalaga con el polvo que levantan sus neumáticos. El enfermo no se diga, prendido de una tripa en el brazo, se agarra de las barandas para evitar sufrir los embates del movimiento, ya no sabe si es el dolor mas fuerte es el de la enfermedad o del traslado. Sus quejas se hacen vanas en medio del ruidoso estruendo del motor de la ambulancia.
          En un chillido de las llantas que medio se levantan, con dos al aire, en la curva de ingreso al tramo de carretera con asfalto, después de un zigzagueo, endereza su carrocería, mientras su caminar se vuelve mas fluido.  Ha dejado atrás una estela de sangre y de muerte, que huele a buitres en presencia de carroña. Mientras el único sobreviviente, pende de un tubo  del oxígeno y la instilación de un suero.
          El trance tiene su escala en el pequeño hospital, donde una camilla le hace el ingreso al pequeño salón que se rotula como Emergencias. El galeno y un grupo de asistentes enfermeras le hacen procedimientos, en búsqueda de las heridas como causa mas importante de su padecimiento. La respiración es pausada y ruda, el estado de conciencia vuela por los alrededores y los cántaros de líquido se encharcan en sus alrededores. La mano salvadora de alguien se usa de torniquete para obstruir la salida de la sangre, que proviene del cuello, el sobón de una de las balas que no había penetrado le daba una salida importante de sangre, pero no extrema al efectuarle presión, mientras la vena poco a poco se colapsaba después de lograr un pinzamiento externo.
          El soplido del esfingomanómetro infla el antebrazo, y luego se reduce:
--- La presión continúa baja --- alguien grita.
---Un par de unidades de sangre, STAT.--- replica el galeno
Alguien corre hasta el laboratorio con un tubo de muestra de sangre.
--- Grupo y Rh, al instante. Y un par de transfusiones según su tipo.---
El alboroto que se hizo en la Emergencia continuó, mientras en un decir amén fue trasladado a la sala de operaciones, para su posterior procedimiento.


Largas horas se experimentaron en este trance, mientras los miembros de la policía y familiares hurgaban por penetrar hasta donde se encontraba el herido, que se debatía entre la vida y la muerte. La estampa de un tatuaje pinta la espalda del herido con la figura de un dragón.
          En un instante se hicieron presentes los miembros de la prensa, con libretas y cámaras fotográficas, para no dejar escapar el amarillismo de la noticia. Entrevistadores y camarógrafos  se hacena paso para lograr las mejores tomas del agraviado.

          En el sitio un grupo de sujetos de negro con enormes letras M P en su espalda recogen como escarabajos, las llamadas evidencias, delimitados por las cintas amarillas de no traspasar. Un vehículo de color corinto volcado mas adelante con las puertas desprendidas y toda la vidriería rota o perforada por impactos de bala, humea del motor, las manchas de aceite se esparcen por el camino junto a los restos de vidrio que hechas trocitos se alargan en cinco metros de distancia donde las marcas de hule quemado muestran el destino del carro donde los apaga fuegos extrajeron a la única victima que mostraba señas de vida. En las vecindades que rodean el espacio permanecen otras tres víctimas que yacen inertes en el vacío de una cuneta y los matorrales. Dos mujeres, una de ellas cuyo cuerpo permanecen boca abajo, sobre su costado izquierdeen una poza de material sanguíneo. El pelo lacio que se le enreda junto al rostro, a pesar de los raspones su rostro se encuentra artísticamente maquillado, las cejas, los párpados y aun los labios, cuatro aros metálicos le cuelgan de la oreja, manchados de gotas de sangre y restos de grama.
          Porta una blusa semi transparente, que se encuentra desgarrada, color celeste, muestra dentro de los raigones un sostén de hilo delgado de guía transparente. Al final de su espalda, cuya piel morena clara se enseña la cintura, con un pantalón jeans bastante debajo de las caderas lo que deja ver un bikini que hace juego con la ropa interior superior, el pantalón está arremangado a media pantorrilla en una de sus piernas, donde las filas de hormigas hacen romería hacia su interior, las moscas ya presienten la mortalidad de la víctima. Con ausencia de uno de los zapatos, el aún presente es de tacón súper alto, con alguna cinta rota, se baña de lodo y algunas tintes de sangre, pero permanece atado al pie de la fémina. Las perforaciones bala se mostraron tanto en la cabeza como arriba de la cintura
          La otra dama, se encuentra semi desnuda mostrando la protuberancia de sus senos, donde unas mancha de sangre ya secas, dejaron el camino al  recorrido de arriba abajo desde el pecho, para fenecer abajo del ombligo y demarcado por un cinturón de cuero, que sostiene el pantalón. La prenda es blanca y se encuentra rota de uno de los costados, que discretamente deja ver la desgarrada la orilla de la ropa interior del mismo color. El pantalón apretado, claro que se ve observa manchado de color rojizo líquido, que se confunde con las manchas verdes de hierba, donde un proyectil de arma de fuego había hecho impacto sobre una de sus piernas y el polvo de lo arrastrada sobre la tierra. La cabeza reflejaba un golpe, cubierta tierra y sangre  que no deja ver las características de sus facciones. Portaba un collar de fantasía y un pañuelo de sedalina alrededor de su cuello. El agujero de una bala le marcaba la cien derecha como quien le había dado el paso con un tiro de gracia.
          Una chumpa de cuero, con las mangas arremangadas tirada hacia el cerco del terreno baldío que colinda con el sitio del percance. Un joven de tez morena, con el brazo estirado, como quien busca escapar del lugar, en la mano empuñada contiene un dije, una esvástica aplomada, incrustada entre los dedos. La camisa también fue rasgada y deja ver en una playera, tres agujeros a quema ropa, que se asoman reflejando su sentencia su muerte. Porta un jeans color negro y botas tipo tejano con ribetes metálicos, con sendas espuelas que complementan su vestimenta.
          Un grupo de curiosos se hace presente y se cuecen toda clase de comentarios al respecto del incidente. Uno de los parroquianos levanta la mano como señalando la vía por donde los asesinos huyeron.
---Eran unos tipos que viajaban en dos motos --- afirmó uno de los presentes.--- Llevaban cascos, todavía los logre divisar antes de agarrar de la curva hacia abajo.---
---Uno de ellos todavía se detuvo para darle unos  plomazos al muchacho y a la joven del pants blanco, que habían logrado salir vivo del trancazo.---
          El tiempo a pasado, la recuperación del joven es evidente, en una silla de ruedas y con varios vendajes sobre todo en el cuello, un brazo enyesado del hombro a la mano, es llevado hasta las gradas del nosocomio, donde los familiares le esperan para transportarlo a su casa, antes de entrar al vehiculo que lo trasporta se le cae la bata hospitalaria que le cubre la espalda, donde muestra un tatuaje de un dragón cuya cola se encuentra cercenada por las suturas efectuadas en su cuello.